lunes, 11 de marzo de 2013

Good Bye, Mr. DARKNYSS! [Ephimera Vita]

Amanece.
Mañana perezosa.
No me toca trabajar y tampoco madrugar, así que más relajado no podía estar. ¿O sí?...
¡Claro que sí! pero hasta ahí todo estaba perfecto.

¿Qué más se le puede pedir a la vida?...
La efímera vida...
Hay calorcito dentro de las cobijas y yo tengo medias de lana (mientras afuera en la ciudad se cagan de frío), chocolatico bien caliente con quesito derretido y su respectivo par de mogollas. Me llevan huevitos a la cama.

Después del banquete matutino, arrojé las cobijas, estiré el cuerpo para sacar la pereza, me levanté, fuí al baño, cepillé mis dientes y con toda la energía del caso me dispuse a ir veloz a arruncharme otro ratito a ver "Cuentos de las Hermanas Calle" mientras le hacía cacería a una malparida pulga que estaba de cacería en mi calcetín de lana menos roto... y así transcurría la mañana hasta que me volvió a coger el sueño. (Imagine aquí un sonido de arpas mágicas y distorsión en ondas de la imágen de mi jeta mientras tiernamente duermo).

  No recuerdo bien qué era lo que soñaba, pero había mucho color por todas partes. Muchos sonidos.
¡Todo estaba vivo!

Me sentía como si hubiese llegado al paraíso (donde, irónicamente llega todo lo que se porte bien y que además está muerto), aunque debo confesar que que realmente no sé qué se siente estar ahí. Pero estaba una chimba. Supongo que sí era el paraíso... Era feliz en el mundo real y cuando me cogía el sueño, también lo era en el plano astral... Sentía deseos de no despertar jamás; que nadie se atreviera a sacarme de mi sueño... ¡Esto sí es vida!... 


 



Mi sueño se desvaneció de repente cuando Sara, mi prima que ahora cuenta con tres años de edad, corrió con inocente afán a darle patadas a mi puerta que, por cierto, es de metal:
la lata más ruidosa disponible en los confines espacio-tiempo de la bodega de la ornamentadora.
Y preciso mi mamá va y la compra...




 Aún con las lagañas en pijama y una ira a medias, que más parecía berrinche, me levanté a preguntarle con cariño a mi hermosa primita, que con inocencia e infantil afán esperaba frente a mi puerta, por qué putas no me dejaba dormir.

-Lo necesitan unos amigos de la música. -Dijo ella, sospechando que mis enigmáticos visitantes cantaban o tocaban algún instrumento, como casi siempre suele ocurrir con mis visitas que visten de negro.

Al salir, noté que no se trataba de los músicos que suelen venir a verme, aunque quienes se encontraban en la puerta, en cierto modo, tenían algo que ver con uno de los mejores músicos que haya podido parir la existencia (o, como el el caso, su mamá. De él. :V).




 En la puerta, frente a mí, se hallaban tres figuras pálidas con la mirada perdida. A veces veían profundamente al suelo esperando que del cielo vinieran las respuestas al enigma del momento...

La más pequeña de las tres figuras entró con afán y se lanzó a mis brazos mientras yo sujetaba sus hombros apartándola de mí un poco para poder perderme en sus ojos, que en ese momento se inundaban de dolor.

Intentaba hablar pero sus palabras la ahogaban.
Es como si una fuerza extraña le impidiera comunicarse.
Como si estuviese bajo un poderoso hechizo.

Puse sus manos dentro de las mías y las fui apretando con suavidad mientras ella cerraba los ojos... asentí sin dejar de mirarla como si telepáticamente le diera el permiso para hablar.

Después de inspirar muy profundo para intentar ahogar un poco el dolor que impedía el fluir de sus palabras, abrió los ojos y también los labios y soltó entre llantos: -¡Nestor está muerto!.-
Y entre enlutados suspiros se aferró nuevamente a mí buscando algo de calor, mientras la noticia congelaba todo mi ser... su presencia se desvanecía y yo quedé absorto en otra dimensión...

Luego mi garganta también empezó a ahogarse...
Pensaba en todo pero no podía emitir palabras...

Me preguntaba si aún estaba soñando. No importaba si se trataba de una pesadilla, pero deseaba con el alma que así lo fuera.





Todo permaneció en un oscuro silencio por un buen rato, mientras la idea de saber que ahora uno de los nuestros yacerá sepultado bajo el polvo de los siglos se acomodaba en nuestras mentes.

La mecí entre mis brazos intentando tranquilizarla mientras sentía cómo las esquirlas de su alma destrozada nos hacían desangrar a los dos en amargo llanto...

Y aún esperaba despertar de mi pesadilla...

...la efímera vida.







Les contaré algo: A la edad de 19 años resbalé y me di un fuerte golpe en la cabeza que me dejó inconsciente por un buen rato. Por alguna razón mis conductos lacrimales se vieron afectados y dejaron de funcionar. Al principio me pareció un hecho fenomenal, porque como macho, jamás volvería a llorar, pero era molesto tener que comprar gotas para lubricar los ojos.

Luego quise poder tener lágrimas para lavar lo que se lleva dentro y ensucia el ser cuando estamos tristes.

Quise tener lágrimas porque ya tenía una razón de peso para llorar.

Luego ví que ya no vendría NYSS nunca más.
Ya no correríamos juntos a perseguir musas y levantarles la falda.
Ya nunca volveríamos a perder la voz de tanto cantar himnos para vampiros "jinchos".
Ya jamás volveríamos a amanecer con dolor en el cuello de tanto hacer headbanging y gritar ¡Esto sí es vida!

Y en lugar de querer lágrimas, empecé a desear no haber tenido nunca razones en la vida para llorar...




Jamás volvería a intentar detener el tiempo en mi mente para ver sus virtuosas manos con detalle mientras le hacía el amor a su guitarra. 


 Cuando supe que venían "mis amigos de la música" esperaba encontrar a Mr. DARKNYSS para poder agarrarlo a pata como se debe hacer con los verdaderos amigos cuando no dejan dormir. 



     
Ahora estaba allí su pequeña hermanita. Yo, como siempre, sin saber qué hacer, quise creer en mi mente que la partida de nuestro hermano tal vez significaba el inicio de una nueva misión delegada por el destino o por él mismo... pero por un instante porque nunca he sido un héroe, y él es el mejor, así que dejemos que él se encargue porque él vendría pronto.

Quise que apareciera de algún rincón cagado de risa diciendo que todo era una broma...
Luego quise también que nada de esto hubiese ocurrido.
Quise saber si era correcto adoptarla como mi nueva hermana mientras nos aleja la efímera vida o permanecemos juntos mientras se nos acaba la misma... pero no me respondía...

Quise devolver el tiempo...

Quise devolver la vida...

¡La efímera vida!.



jueves, 22 de marzo de 2012

El Arrullo de los Brazos de la Mamá de Armando.







Eran las 2:00 p.m. en la ciudad. 

La lluvia caía; hacía su trabajo mientras los obreros hacían también el suyo. 

No hace mucho que había culminado la hora del almuerzo, pero la ollita arrocera con corazón de huevo frito y dos tajadas de plátano que había en el morral de Armando se hallaba intacta. No quiso comer nada esta vez, aunque su barriga obrera estaba vacía.

Una sensación incómoda en su tórax le quitaba la concentración: su pecho era golpeado en ocasiones por punzadas de mal presagio. Su cara expresaba miedo... Su frente, emanaba sudor frío, distinto a la cálida humedad que suele refrescar su cuerpo cuando trabaja hasta el cansancio. Sus manos temblaban y no por trabajar hasta el cansancio, ya que una sensación de angustia le impedía trabajar en paz. Oía su estómago crujir pero la inquietud de su pecho pesaba más. No se sentía bien y lo sabía, pero no sabía por qué. Pensó que tal vez ya era hora de averiguarlo.


Con una rara expresión de angustia le pidió a su compañero Luis que le diera la llave de los casilleros.


- No, mijo. Yo no la tengo. -Respondió Luis.
- ¿Quién la tiene?, dijo Armando.
- ¿Y es que ya se va? -Preguntó Luis con mirada de sorpresa.
- ¿A usted qué le importa? ¡¿Quién la tiene?!
- ¡Cálmese! Camine, más bien, y me ayuda a preguntar... 

Luis sabía que Armando no estaba bien. De hecho, siempre sabía cuando a su amigo le ocurría algo,  pero esta vez, como en anteriores ocasiones, tampoco quiso entrometerse en sus asuntos así que, sin preguntar nada más, accedió a ayudarle a encontrar las llaves.







Cuando llegaron donde la persona encargada de las llaves, ésta había salido a cumplir otras diligencias y regresaría hoy mismo, pero no se sabía exactamente a qué hora. 

Al no encontrar llave que pudiera abrir el candado, optó por salir corriendo a buscar una herramienta con la cuál pudiera romperlo. Tomó su morral de un jalón, y salió al galope de sus tennis salpicando lágrimas de lluvia por la acera empapada. 

Sus pasos producían un pulso que hacía eco con las calles vacías... Era hipnótico y algo relajante. La lluvia mojaba su cara. Se sentía vivo al percibir las pequeñas gotas golpeando su frente. 


 


-Que los obreros hagan su trabajo mientras la lluvia hace también el suyo: caer en átomos de gota y hacer charcos de melancolía.-Pensaba Armando para sí.

Recordaba cómo cuando niño jugaba a cazar gotas de lluvia con la lengua. Cuánto se divirtió al escuchar caer las pequeñas gotas sobre su tejado y para luego salir saltando al patio a recibir entre gritos de inocente e infantil euforia la tormenta.

Pero de pronto, la melancolía irrumpía en su visión, y le lanzaba la pelota a Armando, cuyos tennis la pateaban con furia, esperando que jamás regresara. Pero ella insistía. Al parecer, aún en sus recuerdos más felices se colaba la melancolía y le invitaba a jugar a las malas y casi que de manera obligatoria.
El pulso de su galope hacía saltar frenéticamente aquel corazón amarillo de huevo frito que se hallaba intacto en la ollita del almuerzo, dentro de su morral, pero su melancólico juego se vió interrumpido cuando sintió dentro de su pecho cómo se "totiaba" la yema de su corazón...




Al llegar a su casa, una multitud de gente se encontraba en la puerta dando lamentos de dolor. Rostros estupefactos que se miraban entre sí, intentando buscar una respuesta amable ante el hecho sucedido.

Sin mediar palabra con nadie, Armando entró a su casa. Irrumpió en la habitación principal. En ese momento, el temor de lo que pudiera pasar con su trabajo ya se había desvanecido. Ahora era reemplazado por el beso de la angustia en el centro de su ser. Su mordida venenosa había penetrado lo profundo de su pecho apuñalando su espíritu que no sangraba... tan sólo... lloraba. 

Sus ojos llenos de rabia apuntaban a un crucifijo sobre la pared de la cabecera de la cama. Los ojos de INRI apuntaban a su pecho como puñales, revolviendo su conciencia.

Armando sólo preguntaba: -¿Por qué?-
Su conciencia le respondía: Por no parecerte a INRI. Malo. ¡¡¡MA-LO!!!

Su hermano José, se le acercó tomándolo por el hombro. Luego lo abrazó y rompió en sollozos. Armando lo secundó.

-Ella no hacía nada más que llamar a su negrito- Dijo José.


-¿Cómo pasó?- Preguntó Armando.

-Estaba mirando el álbum de fotos con María cuando de pronto, al pasar la página, apareció la foto del matrimonio de ella y mi papá. Se puso a llorar por el viejo. Siguió pasando páginas y apareció la foto del último paseo que hicimos al río cuando fue lo de la primera comunión de Gloria. ¿Se acuerda del paseo?

-¿Cómo se me va a olvidar?. Si fue la última vez que vimos al viejo vivo. Tan fuerte que era él ¿No?

-Pero también fue la última vez que lo vimos a usted por la casa, Armando. Después de eso usted se fue a trabajar. Y la viejita lloraba cada día porque usted no estaba. ¡Cómo lo llamaba!:  "Mi negro... mi negrito... Armandito, mijo... ¿Será que ya comió alguito?".

Entonces Armando se zafó del abrazo de su hermano y se acercó a la cama. Volvió a mirar al crucifijo y luego posó su mirada sobre la cama. Entonces los ojos se le llenaron de llanto y la nariz de mocos...

-Mi viejita... Mamita... Ya está acá su negrito...- Entonces tomó su mano fría y entumecida, y en ella posó los besos que le debía desde siempre. Lloró como jamás había llorado. Lloró por aquello que nunca quiso llorar. Armando lloraba y afuera llovía.





Horas después, al llegar la gente de la funeraria, ya casi estaba todo listo para el sepelio de mamá. Los hombres de la casa y los de la funeraria estaban próximos a sacar el cuerpo de mamá de la habitación. Pero el cuerpo se había puesto pesado. Todos intentaban levantarlo, pero parecía que las fuerzas no eran suficientes. Dos vecinos llegaron para ayudar, pero, además de pesado, se había puesto algo escurridizo. Armando pensó que tal vez su mamita del alma aún no quería que la sacaran de la casa. En ese instante llegó Gloria, la hermana menor de Armando y José, quien, al ver la lúgubre escena, se abalanzó sobre el cuerpo muerto de mamá en medio de llanto sin poder decir nada. José la tomó por el brazo intentando apartarla del cuerpo. Cuando Gloria se levantó, todos notaron que las mejillas de mamá estaban mojadas y no por el llanto de su hija Gloria, pues lágrimas salían de sus ojos también. 

-Ahora sí. Ya estamos completos, mamita linda.- Dijo Armando.
-Yo creo que ya nos la podemos llevar- Dijo Gloria.




La levantaron, esta vez con la facilidad de quien levanta una pluma, y bajaron el delgado cuerpo de mamá por la escalera hasta llegar a la sala de la casa, donde estaba el ataúd sobre el suelo. 






Meses después del sepelio de mamá, Armando seguía guardando un luto eterno por la pérdida de su viejita.
No dejaba de preguntarse cómo hizo INRI para levantarse de la tumba... la tumba.

¡La tumba!
Luego, la imagen de la tumba de mamá llegó a su mente y esa imagen no se fue en toda la tarde. Entonces decidió ir a visitar a su vieja al cementerio. 
Al salir del trabajo, pasó por una tienda, donde compró un litro de aguardiente, cuya mitad tenía destinada para ser regada sobre la tumba de mamá. La otra mitad sería para él. Después del tiempo, volvería a tomarse un guarito con su vieja, como lo hizo en el último paseo de río de la familia.

Salió corriendo de la tienda, con el mismo afán que llevaba aquel día, pero en vez de sentir angustia, llevaba en su corazón una profunda excitación por reunirse con mamá nuevamente después de meses. 



Ya era tarde. 
Estaba comenzando a oscurecer y no faltaba mucho para llegar al cementerio. 
Al llegar, le dio una copita de guaro al celador para que lo dejara entrar. Entonces comenzó a buscar la tumba de mamá.
Entre sorbo y sorbo, se fue posando la noche sobre su cabeza y sobre la ciudad, pero no hallaba la tumba de mamá. 
Seguía bebiendo, pero la tumba no aparecía. 
Se devolvió a la reja principal, donde estaba el vigilante, y le preguntó si sabía dónde estaba la tumba de su mamá. El celador le dio unas indicaciones, que Armando siguió al pie de la letra, pero seguía sin encontrar la tumba.

Así fue madurando la noche sobre el cielo del cementerio y Armando seguía dando vueltas, pisando flores y sin hallar la tumba de  mamá.
El trago ya había hecho su trabajo en la cabeza de Armando y, aprovechando la situación, llegó nuevamente la venenosa angustia al pecho de Armando. Ahora se encontraba rodeado de lápidas de extraños, pero no había rastro de la lápida de mamá. 

El desespero se apoderó de él. 
Su respiración se aceleró con la misma fuerza de una locomotora. 
Tomaba su cabeza entre sus manos y se preguntaba "por qué". 
Todo era oscuro y hacía frío. 
Comenzó a llover nuevamente. Y Armando lloró.




Su alma destilaba tristeza y desesperación a través de sus ojos. 
Su boca, llena de baba espumosa, pronunciaba el nombre de mamita, con algo de amor e inagotable dolor al mismo tiempo:

-¡Hijueputa!... Mi vieja... 
¿Dónde está, mamita? 
...¡Ay, ay, ay!... ¿Qué se me hizo mi viejita?... 
¿Por qué no la encuentro, mamita?... 
¡Hijueputa vida!... ¿Dónde está? ...¡INRI!, ¿Dónde estás? 
¡Bajen ambos del cielo!
Me quiero morir...-

Armando sintió cansancio en los ojos por haber llorado tanto. Entonces el sueño se apoderó de él, por lo que decidió acostarse en cualquier parte; a fin de cuentas, su mamá ya no estaba con él, y su cuerpo tampoco. Armando, en medio de lágrimas y lluvia, se acostó boca abajo en el suelo, y poco a poco se fue quedando dormido.




Al otro día, alrededor del cuerpo de Armando, muerto por hipotermia, se encontraba en vigilante del cementerio junto con dos policías. Más tarde llegó la furgoneta de la fiscalía a hacer el levantamiento del cuerpo. En su mano derecha sujetaba aún la botella de aguardiente, a la que le quedaban todavía algunos tragos. Su mano izquierda cubría el nombre tallado en la lápida de la tumba donde se quedó dormido para morir. Al levantarle la mano, pudieron ver que se trataba de la tumba de una mujer. Había muerto hace poco. El nombre de la lápida: Isabel. Nada importante, quizás. 

José y Gloria, enterados de la reciente calamidad, decidieron enterrar a su hermano Armando junto a la tumba de Doña Isabel; quien lo arrulló esa angustiosa noche cuando la tumba de mamá se había perdido. 

Isabel, que luego de muchos años volvía a arrullar a su negrito Armando, como lo hizo cuando él era apenas un niño; como lo hizo también con sus otros dos hijos. 

Era mamita Isabel, que ahora lo tendría a su lado por la eternidad para acunarle por siempre.

lunes, 13 de febrero de 2012

...Parece ser... [¿9 ó 10? de Febrero de 2012]





Jueves. Día noveno del mes de Febrero del año dos-mil-doce, y dentro de veinte minutos será Viernes otra vez.


Ahora tengo el estómago vacío de torta, y en la nevera oxidada de mi casa aún hay otras dos: una de chocolate y la otra tampoco.


Parece ser que el hecho... de haberme... [del verbo haber...] ¿Qué?... ¿¡Ah!?...  Parcero... espere que me perdí... ¿En qué iba?...


...¡Aaahh!... ¡Ya!: Parece ser que el hecho de haberme "ensotado" en mi gruta-habitáculo a comerme aquel libro, me ha costado el consumo de bastante tiempo que pudo ser aprovechable lavando loza, según el precepto de mi muy amada progenitora. Pero gracias a "Ella" -nuevamente-  leo nuevamente. Parece ser que ahora escribo en su nombre, aunque no esté su nombre escrito aquí.


Parece ser que en mi caverna [habitada en ocasiones por Migo, quien ocasionalmente me hace compañía, y por Yo, que ahora se encuentra sobre mi cama], últimamente la atmósfera se torna un poco distinta. Tal vez yo me torno otro poco distinto; tanto que no soy capaz de reconocer el aroma atmosférico de mis aposentos. Sin embargo, noto que no me desagrada lo que ahora respiro. Lo que aún respiro. 


Cierro los ojitos, arrugo mis ñatas y percibo: (Snif... snif...snif...). ¡Sí!. Es "Ella". Huele aún mi ropa a su abrazo cálido sobre este rostro pálido que en estos días sólo huye del hermano Sol.
Todavía huele a café con leche, de ese que preparan en aquellas panaderías románticas de la esquina. 

He traído conmigo el aroma a Shampoo "Nosedecuál" que perfuma su cabello. Aunque no está aquí conmigo, y nunca lo estuvo, huele a ella mi caverna. Aunque ese aromático halo me recuerda que siempre está aquí conmigo en mi corazón.


Tal vez sólo pueda oler lo que recuerdo de aquel Lunes. El último Lunes de mi vida hasta la fecha. Mi Lunes favorito hasta hoy, cuya fecha ocupará el Hall of Fame de fechas memorables y favoritas "Deste Pesho".


Hace ya ratico que no ejercitaba la escritura, y los efectos prescindir de pluma mas puño y letra se empiezan a hacer notorios: estoy escribiendo con kilométrico negro, pero un poco más lento y lo noto porque ya es Viernes: el reloj me está avisando que son las cero-cero horas y cinco minutos del décimo día del mes de Febrero del año dos-mil-doce y que aún sigo sin terminar este relato.


Podrá ser muy Viernes y todo lo que usted quiera, pero aún en mi memoria afectivo-nasal huele a Lunes de abrazos con sabor a café con leche de panadería romántica de la esquina de algún sitio en la ciudad. Y sigo escribiendo lento... sin culminar mi relato... aunque, para ser sincero, apenas lo estoy empezando.


Todavía mi nariz percibe que huele a "Ella" en mi mente y que aún la sigo abrazando en mi corazón. Parece ser que es a causa de un fuerte deseo que tengo en los labios, aunque juro que es igualmente puro e inocente como el sentimiento Ab Imo Péctore [1] que lo ocasiona.


Parece ser que, por no poder dispararle un beso, sólo me queda inhalar su recuerdo, y aún así, sigo escribiendo con kilométrico negro, pero sin culminar... de pensarla.


Parece ser que, para poder disparar, requiero de ciertas modificaciones en Mi Persona [2]. Ahora el deseo inocente de robar o dar un beso me llena la cabeza de voluntades y buenas intenciones. Me llena de razones para ser mejor persona o por lo menos bañarme más seguido para parecer una. Bien sabido es por "Ella" que hay mucha gente, pero personas pocas. [Con mi "Ella" siempre aprendo algo nuevo].



Parece ser que, sin querer queriendo, empecé a quererla y la quise desde siempre, y ahora quiero quererla aún más de lo que la quiero y como eso es lo que quiero, tengo bastante trabajo que hacer y mucho qué pensar. [¡Dios!, espero que "Ella" y vos me ayuden]



So las cero-cero horas, veinte-y-tres-a-eme de-la-ma-ña-na y aún no acabo de escribir en "Ella" ni de pensar este relato.


Pienso en qué puede hacer un hombre para agradarle a los "suegros en potencia" [Si usted sabe cómo, déjeme un comentario].


Son las cero-cero horas, cuarenta-y-un-mi-nu-tos a-eme de-la-ma-ña-na-nana-na-na-na... tra la lá....




Parece ser que ya acabé. 




[1]Ab Imo PéctoreAb imo Pectore (pektore) es una locución latina de uso coloquial. En sentido literal significa desde lo profundo de mi corazón.
[2]Mi Persona: Otro de los habitantes de mi cuarto, menguante y creciente.

viernes, 3 de febrero de 2012

Menú del Día

Madrugada. ¡Otra vez trasnochado!

Llego al punto de encuentro con un poco de hambre en los ojos y sueño estomacal. Pero uno de mis ángeles de la guarda acude a mi auxilio con dos almojábanas gigantes y agüita aromática con alguna yerba y fresas enanas silvestres "Made In Usme". Nuevamente tengo una sonrisa en la barriga gracias a mi parcera.

Esperamos un rato más mientras llegaba el transporte (gratuito y por cuenta de la alcaldía). Mientras tanto, cigarros pa' los pulmones. 

Subimos al bus y éste emprendió la marcha. Cada vez se iba subiendo más gente, pero tuve la fortuna de llevar mi sacro-santo culo sentado en la cojinería brincona que, en acto cívico, debemos cuidar ya que es para nuestro servicio.

Al llegar a nuestro Destino, mis oídos tuvieron que aguantar la parla politiquera de unos cuántos payasos con ínfulas altruistas, pero luego fueron aliviados por repiques de tambores. Aunque, a modo de montaña rusa, mi bienestar auditivo subía y bajaba estrepitosamente a causa de los gemidos de chivo lanzados desde la garganta y que pasaban por las fauces de aquella "cantante" que habían llevado los gaiteros:

"Camisola... aquí y allá...
 camisola... aquí y allá"

Por un momento nos percatamos de la ausencia de nicotina en nuestros pulmones. Por moción secundada y aprobada por ambos dos, fuimos a por cigarrettes. La tienda estaba un poco retirada del sitio en el que nos encontrábamos, pero toda caminata es válida cuando se ama a todo pulmón un Mustang, bien sea rojo o azul. 

Frente a la tienda, había un aviso que nos indicaba, topográficamente aunque sin coordenadas exactas, dónde nos hallábamos ubicados. Así pues, el letrero indicaba que estábamos cerca al río Mugroso. Me percaté de que, además de Mustang rojo Full Flavor, también tenía en mi boca un mordisco de $300 de salchichón y más allá, entre la calza de alguna muela, un túmix de $100 que me mentolaba el aliento. 

Y para darle un toque romántico a mi halitosis fétida, no podía faltar la banda sonora, que una vez más me recordaba que mi gran amor has sido tú.

Símplemente, imagínese contarle a sus nietos la escena: bañarse en el río mugroso pa' quedar más mugroso de lo que ya viene, mientras la jeta le huele a cigarrillo con salchichón y túmix de $100. Y aunque parezca ridículo, es una de las experiencias más agradables y por cierto, inolvidables desde que bajé a este valle de lágrimas. Y más aún, contando con la inigualable compañía de mi Parcera Chocoaventurera [admito que el apodo es bien culo, pero es casi una sugerencia de ella].

Luego decidimos devolvernos al lugar de donde habíamos salido, para llegar esta vez con los pulmones llenitos de humo azul. Aún estaban tocando los gaiteros y mientras el chivo se ponía la camisola, nos invitaron a desayunar, y para mi fortuna digestiva, nuevamente almojábana, pero esta vez acompañada de queso y creo que agua de panela. Luego, llegaron los carrangueros, con tradicionales polifonías autóctonas de la tierrita, y para cerrar con broche de oro... La Balada del Pistolero ejecutada con una copa de aguardiente. 


Chocoaventura que se respete debe tener chocolate, y esta no sería la excepción. Con el patrocinio de pastelería "Zukerino", en bandeja de icopor y forradas con vinipel, hallábanse dos tajadas casi enormes de torta de Brownie con Chocolate en cantidades alarmantes por encima y también en el relleno.


No hay razón para quejarme. Con los quejidos del chivo y su camisola basta.


Por lo tanto sólo agradeceré al cielo y a la alcaldía y, por último, pero no por eso menos importante, a mi Parcera Chocoaventurera, que bien sabe que la quiero.


Gracias por leer y nos veremos en breve. [Eso espero].






jueves, 2 de febrero de 2012

¡Te Quieeerooo!

Ahora trato de comprender que tipo de armonía se debe usar para hacer feliz a una pareja en su matrimonio.


¿Cómo puedo conmoverlos? 
¿Quiero que la alegría tenga abrazos, lágrimas y mocos en esta ocasión?
¿Algún aplauso como glorioso pago?


Mi conciencia responde: 
-Sí. Regáleme un combo 3-.


Pero mientras tanto, en otro mundo paralelo [para este lelo], ubicado al otro lado de la pantalla, se encuentra ella, nuevamente. Tal vez hoy no tengo la inquietud de saber qué le digo ahora; sin embargo, me embarga un pensamiento... 


¿Qué le diré después? 
¿Donde puedo ponerle estos besos archivados y bien cuidados, si es que algún día la fortuna o el azar me permiten hacerlo?


Pienso en el matrimonio en el que debo estar en unos días... y pienso también en el matrimonio donde he de estar obligatoriamente y con el corazón lleno de alegría, no sé cuándo y no sé con quién, pero con la certeza de que ahí estaré, porque será el mío. Pienso si tendré la misma ceremonia que Ella tendrá... y en este momento desearía que así fuera. 


No sé que piense ella... no sé si sabe que pienso en ella cuando pienso en boda, y pienso en boda si pienso en ella.


Ahora no sé ni qué pensar, pero por ahora, seguiré pensando para que mi masa gris no se torne naranjamente oxidada. Tendré tiempo para planear matrimonios ajenos mientras llega el mío.


¡Cuánto la quiero! (Taaannnn... tan... ta-taaannn...) [Clic].